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Protege tu ambiente

A veces, sobre todo cuando llega el fin de mes, pienso que no vale la pena tener una alarma, que, para lo que tengo, se lo pueden llevar todo, ya que ni yo voy a ser mucho más pobre ni quien se lo lleve se va a retirar con lo que me robe.

Pero luego llega la hora de recoger a la peque de la escuela, un huracán rubio de seis años con respuestas de señora de sesenta y una sonrisas que, como le dé el sol de cara, te puede dejar ciego con el reflejo.

Cuando se acerca a mí, cabizbaja, porque, en el recreo, Marcos, el bruto de la clase, la ha empujado y se ha despellejado las rodillas, me entran unas ganas terribles de darle unos azotes a Marcos y, si su padre se opone, otros cuantos a él. Son cosas de niños, lo sé. Pero no puedo evitarlo: soy un protector agobiante.

La alarma no se toca

El caso, reflexiono, es que si me pongo así porque a la nena la han hecho despellejarse las rodillas jugando, ¿qué no haría si un desaprensivo se me cuela en casa y le hace…? ¡Uf! No soy capaz siquiera de imaginarlo sin que me rechinen los dientes y se me agarroten los dedos. Es entonces cuando decido que no. Que se queda donde está, y que el precio alarma es bajo para lo que se me ofrece por él.

Lo cierto es que mi casa no es de esos hogares descomunales, que disuaden a quien piensa en entrar a robar porque sabe positivamente que van a encontrarse con una alarma y con unos perros enormes adiestrados para atacar a las partes centrales del cuerpo, justo en la juntura de ambas piernas.

Mi casa, nuestro reino

Pero es un hogar coqueto, de tamaño medio por fuera y muy bien distribuido en su interior, decorado, además, por mi mujer, que tiene un gusto estupendo para todo excepto para escoger pareja.

Los muebles están barnizados de modo que conjuntan estupendamente entre sí y con unas paredes pintadas en tonos que dan sensación de luz, a la vez que de paz en el salón o de calma y calidez en las habitaciones. Es una casa en la que todo es práctico, a la vez que armónico.

Algunos decibelios de más

Es por eso que, cuando decidimos poner una alarma, acabamos, ya que no por discutir, sí por tener un diálogo unos decibelios más altos de lo habitual: aunque ambos estábamos de acuerdo en que una casa unifamiliar un tanto apartada del resto de viviendas es un caramelo para cualquier banda organizada de ladrones, existía un desacuerdo, un fleco:

Y es que yo quería un modelo de alarma, vamos a llamarlo equis, ante todo práctico, sin que me importara la belleza del mismo. Ella, por su parte, como responsable de la armonía estética del hogar, se negaba a poner un cacharro plateado en cada esquina de manera que diera la sensación de que nos había invadido una plaga de murciélagos robóticos. Su modelo era el Y, del que hay que subrayar que tenía algunas carencias.

La peque, por su parte, quería un juego de mesa, que acabaríamos por comprarle por Navidad.

Fin de la discusión, y sin tener que ceder

No sé si fue ella o fui yo, ni me importa. Nuestras discusiones, o diálogos más fuertes de lo habitual, suelen concluir con un acuerdo en un punto intermedio en el que ambos cedemos un poco. Y todos más o menos contentos.

Sólo que en este caso ninguno de los dos tuvo que ceder: efectivamente, dimos con unas cuantas posibilidades, apenas llamamos a Securitas Direct (no se trata de hacerle publicidad a nadie, ya que no me pagan por ello. Es más, di con ellos a través de sus anuncios en televisión de modo que no creo que yo pueda hacer nada que no hayan hecho ya). Apenas llamamos, digo, nos abrieron enorme mundo de posibilidades:

Armonía y seguridad

Al final nos quedamos con una alarma de Verisure que encaja maravillosamente allí donde hemos considerado preciso –más bien done el técnico nos aconsejó que era preciso- colocar los sensores o el cuadro de mandos.

Y, además de quedar fenomenal, podemos mantener la casa videovigilada a través del móvil, donde recibimos las alertas –hasta ahora, por suerte, todas a causa de que nos hemos olvidado de desconectar la alarma o algo parecido, por suerte-. Por no decir que podemos llamar directamente a la policía apretando un botón o que tenemos apoyo vía satélite y qué sé yo cuantas ventajas más.

Sensación de tranquilidad

Lo que sí sé, y lo tengo muy claro, es que mi mujer está contenta porque se siente protegida y el diseño de la casa sigue siendo todo lo elegante que nuestro bolsillo puede permitirse, mientras que yo lo estoy sólo por la primera razón. Se ve que los hombres somos más simples.

Y lo que sí tenemos claro es que dormimos mucho más tranquilos, pensando que lo peor que le puede pasar a la niña es que Marcos le dé un empujó y se despelleje las rodillas.