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Navidad, hortera navidad

Sí amigos, en estas señaladas fechas, no todo es paz, amor, regalos y lucecitas. También hay horteradas a cascoporro, a tutiplén. Que nadie se me enfade, porque todos más o menos tenemos alguna en nuestra casa o entorno cercano; pero como son tradicionales, o bien navideñas, pues nada, aguantamos cosas que en cualquier otro momento, ni por los niños ni por nada.

Vamos con algunos ejemplos asociados a la decoración, que es lo que nos interesa aquí. Me estoy acordando de algo un poco demodé, pero que se puede seguir encontrando con facilidad: me refiero a las plantillas de copo de nieve o cualquier otro (una situeta del trineo de Papá Noel, por ejemplo; la gama es limitadita) marcada por los cristales de la casa com spray de nieve. El último grito en 1985, pero que como los grandes clásicos, nunca pasa de moda.

O si no algo así, sencillo y discreto...

O si no algo así, sencillo y discreto…

La horterada máxima que se ha impuesto en los últimos años es el muñeco papanoelesco trepando por el balcón. Me fascina cómo las cosas más chorras triunfan en nuestra simplona sociedad. Llevo años harto, pero este creo que empezaré a dispararles. Pienso colgar uno en mi ventana, pero colgarlo de verdad, por el pescuezo. Y con los pantalones bajados. Y con un hacha en el cráneo. Tomad navidad, niños.

En esta época de sueños cumplidos, cualquier cosa se tolera

Los belenes incongruentes son otro clásico. Hay diversas opiniones sobre los nacimientos, hay a quien le gusta y quien lo detesta. Allá cada cual. Pero lo que sí recomendaría es que el niño no fuera más grande que Melchor y su camello juntos, o que si nos falta el buey no pongamos al pato de Pocoyó, y porque el Ángel del Ala Rota se pierda un año no va a pasar nada. Un poco de proporción…

Otra cosa que crea mucho ambiente son los llamados “jerseys navideños”, o sea, de lana y con diseños muy específicos, renos con una borla por nariz o de nuevo copos de nieve. Pocas cosas hay que me parezcan tan cutres. Tal vez lo de los calcetines en la chimenea; que los españoles no tengamos chimenea no es óbice para imitar servilmente las teleseries norteamericanas…

Por acabar en alto, seguramente lo más rancio que haya en la navidad son las luces que ponemos en casa. Pero esto sí es enternecedor. Ver al padre con una maraña de cables de 1965-1998 y bombillas de modelos que ya ni existen, arriesgando su integridad física y la de su progenie por “adornar” su casa dándole aspecto de burdel de tercera. Ah, la navidad…