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Kotatsu: la elegante mesa brasero japonesa

Hay una pasión patente por la cultura japonesa de unos años a esta parte: el tatuaje horimono, el cómic manga, la comida shushi, el porno Hentai, la ceremonia del té, el ikebana o arreglo floral, la litografía de la escuela ukiyo-e, el círculo enso, el masaje shiatsu, el cine de Kurosawa, el Nobel de literatura Kenzaburō Ōe, el jardín de arena karesansui, la filosofía zen y un largo etcétera que no incluyo para no aburrir

No era de extrañar que uno de sus muebles más emblemáticos y apreciados se colara poco a poco en nuestros hogares reivindicando un lugar que no le costaría tanto ganar como con otras de sus manifestaciones culturales ya que, a fin de cuentas. Nosotros ya teníamos uno igual sólo que ha caído poco a poco en desuso: la mesa brasero.

Algo que no acabo de entender porque no había nada más agradable que ir a casa de los abuelos y meter las piernas debajo de la falda de la mesa camilla, taparse con ese cobertor naranja que había vivido tiempos mejores y que estaba adornado con aquel tapetito de encaje de bolillos hecho a mano por la abuela con todo su cariño, y quedarse amodorrado viendo la película de la tarde de domingo.

Mesa Kotatsukotatsu

En Japón, la mesa braserito se llama Kotatsu y aunque se parece en algunas cosas a la nuestra, difiere en otras.  Para empezar, no es redonda, sino un marco de mesa de madera cuadrado o rectangular; no es alta, sino baja (al estilo de las mesas japonesas tradicionales), y se coloca sobre un futón delgado que hace las veces de alfombra.

Dentro del marco rectangular va el braserito (que puede ser una estufa de carbón vegetal o una estufa eléctrica) y alrededor se pone otro futón grueso que conserva el calor; la persona se tumba o sienta en el suelo tapada con el futón e incluso puede dormir bajo él.

Es un mueble muy apreciado en Japón y muchas personas se fabrican el suyo con mayor o menor encanto según el gusto de cada cual, pero en las tiendas de muebles españolas se venden auténticas preciosidades de madera noble como el bambú y decorados con unos exquisitos futones que confieren a la estancia un encanto de otra era,  de otra cultura.